Colombia acaba de cerrar el contrato militar más grande de su historia reciente. El presidente Gustavo Petro oficializó la compra de 17 aviones de combate Gripen E/F a la empresa sueca Saab, por un valor cercano a 16.5 billones de pesos, un acuerdo que abre un fuerte debate en el país por su dimensión económica, estratégica y política.
El reemplazo final de los Kfir
La Fuerza Aeroespacial Colombiana llevaba más de una década alertando que la flota de Kfir, adquirida hace 40 años, estaba en condición crítica. El Gobierno Petro decidió dar el paso que varias administraciones aplazaron: iniciar la renovación total de la aviación de combate.
Los Gripen son considerados aviones de última generación, utilizados por potencias como Suecia y Brasil, con capacidades de:
- guerra electrónica,
- radares de alta precisión,
- bajo costo operativo comparado con otros cazas,
- autonomía y velocidad superiores.
El objetivo declarado: mantener la superioridad aérea de Colombia y disuadir amenazas externas.
El debate: 16.5 billones y un pago que se extiende por más de una década
El monto ha desatado un intenso debate nacional. La operación supera cualquier compra militar previa en Colombia y llega en un momento de tensiones políticas y fiscales.
El presidente Petro afirma que el pago será escalonado, sin comprometer la regla fiscal ni afectar la inversión social. Sin embargo, la oposición cuestiona si esta financiación será sostenible entre 2026 y 2032, cuando llegarán los primeros aviones.
Un acuerdo que va más allá de lo militar: el componente de compensación (Offset)
El gobierno destaca que el acuerdo no solo incluye aviones y armamento, sino un programa de cooperación industrial valuado en miles de millones que impactará sectores estratégicos como:
- Ciberseguridad,
- Energías sostenibles,
- Tecnología para salud,
- Industria aeronáutica colombiana,
- Desarrollo de software en defensa.
Este componente pretende “transferir conocimiento” y dejar capacidades instaladas en el país. Para Petro, esto convierte el acuerdo en un pacto de innovación, no solo un gasto militar.
¿Una apuesta estratégica o un riesgo financiero?
Las primeras aeronaves llegarían entre 2026 y 2032, lo que implica un compromiso financiero que trasciende este gobierno y garantiza continuidad en la política de defensa.
Pero aún quedan preguntas clave:
- ¿Los Gripen realmente garantizan una disuasión efectiva en la región?
- ¿La economía colombiana puede sostener los pagos proyectados?
- ¿El impacto industrial será real o solo un anexo contractual?
- ¿Se justificaba esta inversión en medio de tensiones sociales y económicas?
🇨🇴 Un capítulo nuevo en la historia militar del país
Mientras se despejan estas dudas, Colombia acaba de firmar su contrato de defensa más ambicioso.
Para el Gobierno Petro, es un salto tecnológico histórico.
Para la oposición, un gasto monumental que merece mayor control y transparencia.
Lo cierto es que el país entra en una nueva etapa militar, industrial y geoestratégica cuyos efectos se verán —para bien o para mal— durante las próximas dos décadas.

