Con respecto a lo de José Obdulio, con todo respeto:
Llevo muchos años acompañando a María Fernanda Cabal. Me considero 100 % cabalista. He defendido sus banderas y hoy las represento como candidato a la Cámara de Representantes. Por eso entiendo que a cierta política de vieja data no le agrade María Fernanda Cabal.
Resulta incómodo, para una política de maquillaje y de falsa convivencia, que existan liderazgos que digan las cosas como son, sin eufemismos ni cálculos. También entiendo que a muchos burócratas no les guste, porque cuando la única pleitesía que se rinde es al pueblo, no queda tiempo para peinar moños ni para cuidar privilegios.
Entiendo, incluso, el rechazo personal de José Obdulio. Lo que no logro entender es cómo una persona que juró lealtad al Centro Democrático, que se presenta como máximo exponente de la estrategia política y como una voz de autoridad dentro del partido, termine actuando de manera tan distante, cuando no contradictoria, frente a una de las dirigentes más coherentes, firmes y leales a los principios fundacionales del uribismo.
Entiendo también la apatía de buena parte de la militancia del Centro Democrático frente a algunos de sus candidatos. Las viejas prácticas políticas, el cálculo permanente, los “bien pensantes” y, en no pocos casos, actitudes claramente misóginas, han terminado por ahuyentar a quienes defendían las banderas del partido por convicción y principios. Lo más triste es que aquello que los aleja se resume en un viejo refrán: un burro hablando de orejas.
Hay personajes que, durante años, desde columnas interminables, se han destacado más por el fuego amigo que por la lealtad partidista. Y esa falta de lealtad quedó en evidencia cuando, sin ambigüedades, fueron los primeros en darle la espalda al Centro Democrático para ir a respaldar a Juan Carlos Pinzón, un proyecto político completamente ajeno, cuando no contrario, a los principios que dicen defender. Quien actuó así no puede hoy erigirse como árbitro moral ni como referente de coherencia dentro del partido.
Hablando de realidades —de esas que no gusta aceptar—, María Fernanda Cabal fue la precandidata del Centro Democrático que mejor marcó en las encuestas. No pertenecía al club del 1 %, ni a las élites cómodas del poder. Eso también es un hecho.
Igualmente, es una realidad que no existe un solo pronunciamiento de Cabal en contra de ningún dirigente del Centro Democrático, y mucho menos contra José Obdulio, quien, por el contrario, le ha dedicado varias columnas y pronunciamientos públicos atacándola de manera reiterada.
La crítica interna es válida y necesaria, pero la descalificación permanente, la ambigüedad ideológica y el debilitamiento público de los liderazgos que dan la pelea sin complejos no fortalecen al partido: lo fragmentan. El Centro Democrático no puede darse el lujo de sacrificar coherencia por cálculo, ni carácter por comodidad.
Entonces, utilizando las mismas palabras de José Obdulio, juzguen ustedes quiénes son los verdaderamente ruidosos, beligerantes y particularmente agresivos en redes sociales. Juzguen ustedes quién siembra sospechas y quién termina ahogándose en su propia frustración.
DAVID TOLEDO
CANDIDATO A LA CAMARA DE REPRESENTANTES
CD 116

