El presidente pasó de cuestionar un aumento de 200 pesos durante el gobierno Duque, a justificar un incremento acumulado de más de 7.000 pesos bajo su propio mandato. ¿Qué cambió realmente?

Cuando Gustavo Petro era oposición, un aumento de 200 pesos en el precio de la gasolina era suficiente para convocar marchas, denunciar injusticias sociales y señalar que el Gobierno estaba afectando a los más vulnerables. Esa es una realidad documentada en discursos, trinos y videos que circularon durante años.

Pero en la entrevista del 2 de septiembre de 2024, el propio presidente defendió los incrementos más altos de la historia reciente: más de 7.000 pesos, justificándolos como un ajuste “necesario” para el bienestar fiscal del país y para cubrir el déficit del Fondo de Estabilización de los Combustibles (Fepc).

El contraste no es menor.
Es un giro radical en su narrativa política.
Y es, sobre todo, una contradicción que el Gobierno aún no logra explicar sin titubeos.

Mientras como senador denunciaba una “política anti popular” por un aumento mínimo, como mandatario argumentó que había que “decir la verdad” sobre el costo real de los combustibles. De un Petro que agitaba la calle ante cualquier alza, pasamos a un Petro que le pidió al país “comprender” por qué la gasolina debía subir como nunca antes.

El problema no es el ajuste —que tiene razones técnicas y un déficit que ningún gobierno quiso asumir— sino la incoherencia política: el presidente desvirtuó su propio discurso de años, el mismo que llevó a miles a protestar bajo una lógica que luego él mismo desechó.

La pregunta, entonces, no es si la gasolina debía subir.
La verdadera pregunta es:
¿un líder puede deslegitimar aquello que él mismo usó para construir su capital político?

Porque si antes un incremento era símbolo de injusticia, ¿cómo puede ahora convertirse en un acto de responsabilidad estatal?
El giro es tan abrupto que deja la sensación de que el discurso cambia según quién esté en el poder, no según los principios.

En un país donde la confianza en las instituciones ya está erosionada, la inconsistencia discursiva tiene un costo:
la ciudadanía empieza a dudar no solo de las decisiones, sino de la credibilidad de quienes las toman.

Petro pidió comprensión para un alza histórica.
Pero aún no ha dado una explicación clara sobre por qué, cuando era oposición, un aumento cien veces menor era inaceptable.

La coherencia no es un lujo en política; es la base del liderazgo.
Y en este caso, es justamente lo que quedó en duda.

Ana Isabel Arismendi

Periodista de Medellín Herald, especializada en política regional, temas sociales y cultura ciudadana. Estilo investigativo y analítico, con la capacidad de traducir la complejidad de los hechos en historias claras y cercanas a los lectores. Fortalecemos la opinión pública, promovemos el debate informado y mantenemos un periodismo independiente al servicio de la comunidad antioqueña.