La escena es inaceptable para quien pretenda influir en lo público: Miguel Quintero hermano del exalcalde Daniel Quintero difundió en un chat una imagen con armamento largo y corto y la frase “¿Dónde está dando bala?”. El material hace parte del paquete de conversaciones en poder de la Fiscalía, revelado por Semana. El propio Miguel intentó bajarle el tono: dijo que posee permiso y que la foto corresponde a prácticas en polígonos autorizados. Pero la pregunta que importa no es estética ni deportiva, sino ética y penal: ¿qué hacía un actor con clara influencia en la administración de Medellín exhibiendo arsenal y jactancia de “dar bala”?
El caso no está aislado. chats, audios y supuestas gestiones de Miguel Quintero en contratación, presiones y movimientos durante el cuatrienio de su hermano (2020–2023). Si a eso se suma la foto con armas y la frase de marras, el cuadro exige peritajes forenses, trazabilidad de permisos, verificación de fechas, lugares y custodias. Medellín ya pagó demasiado por la mezcla tóxica de poder político, negocios y cultura de las armas.
Si hubo porte y práctica legal, que se acredite con documentos; si hubo conductas penal o disciplinariamente reprochables, que se impute y sancione. Y si la foto fue un “juego de WhatsApp”, peor: revela una estética de la intimidación incompatible con lo público. Aquí no caben los relatos heroicos ni la victimización de siempre. Caben la Fiscalía trabajando, los expedientes abiertos al escrutinio y los responsables rindiendo cuentas.
Lo mínimo e inmediato:
- Autenticidad de los chats (peritaje) y contexto de la imagen.
- Vigencia y alcance de permisos de porte/tenencia, lugar y fecha de la práctica.
- Cruce con investigaciones sobre contratación y eventuales influencias en entidades del Valle de Aburrá.
- Comunicación oficial del exalcalde Daniel Quintero: ¿se pronuncia frente a la estética de “¿dónde está dando bala?” en el círculo más cercano? (Registro: reacciones públicas del exalcalde han intentado victimizar a su hermano y presentar el caso como persecución.)
En síntesis: armas, poder y WhatsApp es una combinación que Medellín no puede normalizar. Ni guiños a la violencia ni poses de polígono con doble discurso. Hechos, pruebas y sanciones: eso separa a una ciudad decente de los que juegan a la impunidad con filtro de Instagram

